| Marcador | Deseable | Objetivo orientativo* |
|---|---|---|
| Triglicéridos | < 150 mg/dL | < 100 mg/dL |
| HDL · hombres | > 40 mg/dL | — |
| HDL · mujeres | > 50 mg/dL | — |
| Colesterol no-HDL | Según riesgo global | Individualizado |
Si en tu analítica los triglicéridos están algo altos y el colesterol HDL —el que suele llamarse «bueno»— está algo bajo, tienes dos valores que por separado apenas llaman la atención y que juntos sí merecen una lectura conjunta.
No es un hallazgo oculto ni una enfermedad que se le haya pasado a nadie. Es un patrón frecuente que gana significado cuando se pone en contexto: tu cintura, tu glucosa, tu tensión, tus antecedentes y —sobre todo— cómo han evolucionado estos valores en tus analíticas anteriores.
Este artículo va de eso: de aprender a leer un patrón, no de descubrir un diagnóstico.
Los triglicéridos son la principal forma de almacenamiento de energía del organismo. Se acumulan en el tejido adiposo y circulan por la sangre dentro de lipoproteínas, que son las partículas encargadas de transportarlos.
Sus niveles suben cuando hay un exceso calórico mantenido, y son especialmente sensibles a los azúcares añadidos, las bebidas azucaradas, los hidratos de carbono refinados y el alcohol. También influyen el sobrepeso, el sedentarismo, ciertos fármacos, la función tiroidea y factores genéticos. No es una cuestión de un macronutriente contra otro: es el conjunto del patrón alimentario y del balance energético.
El colesterol HDL viaja en lipoproteínas de alta densidad, que participan en el transporte del colesterol desde los tejidos de vuelta al hígado.
Sobre el HDL conviene ser preciso, porque es uno de los puntos donde más se simplifica. Un HDL bajo se asocia estadísticamente a mayor riesgo cardiovascular, y en ese sentido es un marcador útil. Pero eso no significa que subirlo sea, por sí mismo, un objetivo de tratamiento: los fármacos desarrollados específicamente para elevar el HDL no han demostrado reducir infartos ni ictus. El HDL informa sobre el contexto metabólico; no funciona como una diana terapéutica aislada.
Cuando la sensibilidad a la insulina disminuye, el hígado tiende a producir más lipoproteínas ricas en triglicéridos. En el intercambio de lípidos entre partículas que ocurre en la circulación, las partículas de HDL se enriquecen en triglicéridos, se aclaran más rápido y sus niveles descienden.
Ese mismo proceso favorece que las partículas de LDL sean, en promedio, más pequeñas y densas.
Gráfico 1. Esquema del mecanismo
Aquí conviene un matiz importante, porque se malinterpreta con frecuencia: el colesterol LDL sigue siendo el factor causal mejor establecido del riesgo aterosclerótico, y su relación con los eventos cardiovasculares es sólida y dosis-dependiente. Lo que ocurre en presencia de triglicéridos elevados es que el LDL-C puede subestimar el número total de partículas aterogénicas circulantes. Por eso, en este escenario concreto, el colesterol no-HDL y sobre todo la apoB —que cuenta partículas en lugar de medir el colesterol que transportan— aportan información que el LDL-C solo no da.
A la combinación de triglicéridos elevados, HDL bajo y predominio de partículas LDL pequeñas se la denomina dislipemia aterogénica, y es un perfil frecuente en personas con obesidad abdominal, hígado graso o alteraciones del metabolismo de la glucosa.
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Si divides tus triglicéridos entre tu HDL (ambos en mg/dL, que es como los expresa el laboratorio en España), obtienes una cifra que no aparece en ningún informe:
Gráfico 2. Una división sencilla que orienta, pero que no sustituye a ninguna prueba.
Y ahora la parte que importa tanto como la tabla. Estas cifras son aproximaciones, no umbrales establecidos. Esta ratio es una pista metabólica útil para orientar, pero no es una herramienta diagnóstica ni forma parte de las recomendaciones estándar para evaluar la resistencia a la insulina. Sus puntos de corte varían de unos estudios a otros, dependen del sexo y funcionan peor en personas de origen africano, en las que pueden resultar bajos aun existiendo alteración metabólica.
En una valoración real, esta ratio debe interpretarse junto con la glucemia en ayunas, la HbA1c, el perímetro abdominal, la tensión arterial, los antecedentes familiares y el resto del perfil lipídico. Es un dato más que suma; no es el protagonista.
| Marcador | Deseable | Objetivo orientativo* |
|---|---|---|
| Triglicéridos | < 150 mg/dL | < 100 mg/dL |
| HDL · hombres | > 40 mg/dL | — |
| HDL · mujeres | > 50 mg/dL | — |
| Colesterol no-HDL | Según riesgo global | Individualizado |
Un apunte práctico que evita sustos: los triglicéridos varían mucho de un día a otro. Una cena copiosa o el alcohol de la noche anterior pueden alterarlos de forma llamativa. Un valor aislado elevado, sin más contexto, casi nunca justifica una decisión.
Si hay una idea que quiero que te lleves de este artículo, es esta.
Un triglicérido de 165 mg/dL después de una cena copiosa dice muy poco. Una secuencia de 90 → 120 → 165 mg/dL en tres años, acompañada de un perímetro abdominal que ha ido creciendo, dice mucho más: describe una dirección, y las direcciones son las que permiten actuar a tiempo.
Por eso, cuando revises tus resultados, no mires solo la analítica de este año. Busca las dos o tres anteriores y ponlas en fila. Esa comparación suele ser más informativa que cualquier valor aislado.
Gráfico 3. Ningún valor estuvo fuera de rango. Lo que informa es la dirección.
Para dar sentido al patrón, estos son los datos que realmente lo contextualizan:
Gráfico 4. Ninguno de estos datos decide por sí solo. Juntos, sí.
El siguiente caso es ilustrativo: no corresponde a una persona concreta, sino a una situación representativa de las que veo con frecuencia en consulta.
Una mujer de 45 años acude con una analítica que, según le habían comentado, estaba «prácticamente bien». Glucemia 94 mg/dL. HbA1c 5,5 %. Colesterol total normal. LDL 118 mg/dL.
Lo que no se había puesto en común: triglicéridos 168, HDL 41, y un perímetro abdominal que había aumentado cinco centímetros en tres años. Al recuperar sus analíticas anteriores, los triglicéridos habían pasado de 98 a 130 y de ahí a 168.
Su glucemia y su HbA1c no cumplían criterios de prediabetes. No tenía ningún valor marcado como patológico.
Lo que sí tenía era un patrón compatible con un contexto de insulinorresistencia y un perfil cardiometabólico desfavorable, con una tendencia clara en el tiempo. No es un diagnóstico —para eso harían falta más datos y una valoración completa—, pero sí es exactamente el momento en el que las medidas de estilo de vida tienen más recorrido.
Nueve meses después, con cambios en la alimentación, reducción del alcohol y ejercicio regular: triglicéridos 96, HDL 54, perímetro abdominal reducido. La tendencia se había invertido.
Los triglicéridos responden con relativa rapidez a los cambios de hábitos, en semanas más que en meses. Lo que suele funcionar:
Reducir los azúcares añadidos, las bebidas azucaradas y los hidratos refinados, junto con el exceso calórico global. Esto no significa que la calidad de las grasas sea irrelevante: sigue importando, y sustituir grasas saturadas por grasas insaturadas de calidad forma parte de un patrón alimentario cardiosaludable.
Revisar el consumo de alcohol. Es uno de los factores más subestimados en la elevación de triglicéridos.
Actividad física regular, combinando trabajo aeróbico y de fuerza.
Pérdida de peso cuando hay exceso de grasa corporal. Una reducción del 5-10 % del peso suele producir mejoras clínicamente relevantes en este perfil, y el objetivo razonable es la recomposición corporal —perder grasa conservando masa muscular—, no solo bajar en la báscula.
Priorizar el pescado azul como fuente de omega-3 dentro de un patrón de dieta mediterránea. Conviene distinguirlo de los omega-3 en formulación farmacológica a dosis altas, que son otra cosa: tienen indicaciones concretas, se prescriben en situaciones específicas y no equivalen a comprar un suplemento en la farmacia por iniciativa propia.
Gráfico 5. Los triglicéridos responden en semanas, no en años.
Los números sin contexto no sirven. Un 168 de triglicéridos puede no significar nada o puede formar parte de una tendencia que conviene mirar de cerca, y la diferencia está en tu cintura, tu glucosa, tus antecedentes y en cómo venían tus analíticas anteriores.
Si quieres que revisemos juntos tu caso, en la consulta de interpretación de analíticas repasamos tus resultados por videollamada, te explico qué significan en tu contexto y sales con un informe por escrito y un plan claro.
Última revisión de las fuentes: agosto de 2026.
Escrito por el Dr. Brian Urquiola Domínguez, médico colegiado n.º 284708445 (Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid). Revisado en agosto de 2026.
Este artículo tiene finalidad educativa y no sustituye una valoración médica individualizada. No inicies ni modifiques ningún tratamiento sin consultarlo con tu médico.